TIERRA BATIDA

Visor, 2014

XLV Premio Internacional de Poesía Hermanos Argensola

TIERRA BATIDA supone la consolidación de un estilo incisivo, sobrio, refrescante, un coloquialismo lírico elegantemente despeinado, sin heroísmos ni dramatismos, un canto a las cosas pequeñas con el que el autor se equilibra sobre la cuerda floja para celebrar, por todo lo alto, el paso apabullante de la vida.

Muestra de poemas

Los viejos poetas

No hagas caso de los profesores que hablan de la vida

sin el brillo en los ojos de un pez recién sacado a tierra,

ni te dejes seducir por la verdad, esbelta y matemática,

de los directivos de las multinacionales: no verás a ninguno

tocando el acordeón junto a la fachada de la fábrica.

Lee a los viejos poetas, que queman el azúcar

de las viejas canciones con un poco de ron,

que encienden sus hogueras en barriles de brea

y bailan a su alrededor hasta bien entrada la madrugada.

Lee, atentamente, a los viejos poetas,

que no entienden de números y saben que todo cálculo es inútil:

la vida entera es siempre una suma demasiado corta.

Y, cuando todos se hayan ido a dormir y la luna sea un pálido

adolescente colgando de una viga del cuarto,

grita sus versos, ridículos y heroicos, por los tejados.

Y no hagas caso de los vigilantes que te llamen al orden,

ni respetes el temblor de sus toques de queda,

ni dejes que el silencio te lleve de la mano.

Emite tus alaridos por los techos de este mundo.

Y lee a los viejos poetas. Y cuida sus libros.

En ellos encontrarás mi rastro. Y también tu camino.

Préstamo

Igual que un libro de esos

que uno conserva porque nunca

recibió la llamada

somnolienta o solemne

de la bibliotecaria,

así tomé yo tu amor prestado

hace ya más de veinte años.

Y aún anda por casa.

Los muertos a mi puerta

Acabáis de morir y llamáis a mi puerta

como si nos conociéramos

de toda la vida y fuera este

un buen lugar para empezar de cero.

Acabáis de morir y venís a mi casa.

Pero yo no os conozco, ni siquiera

he oído hablar antes de vosotros.

¿Por qué, por qué venís entonces?

¿No os bastan los quirófanos, las cárceles,

los tugurios, las minas, el consuelo

del campo de batalla?

¿Acaso no tenéis otro lugar

donde caeros muertos?

¿Por qué, por qué venís entonces?

Quedaos a morir en las aceras,

en medio del océano, en los puentes

colgantes, en las autopistas,

en los cuartos sin luz de las pensiones.

Dejadme, dejadme en paz: ya tengo

bastante con mis propios muertos.

Miradlos, ahí los tenéis: paseando

a sus anchas de acá para allá,

cruzando de una habitación a otra

acaparando nuestras conversaciones.

¿Es que acaso no veis que ellos mantienen

perfectamente el desorden de esta casa?

Dejadme, vuestro lugar no es este.

¿Por qué no regresáis,

por qué no dais la vuelta

a dondequiera que hayáis muerto?

 
Mi buena suerte

Yo también tengo suerte por seguir cortándome

las uñas cada cierto tiempo, y llevar un teléfono en el bolsillo,

y llegar tarde a casa algún que otro jueves;

suerte, sí, por vivir con el mar tan a tiro de piedra y

contar con unas cuantas pescaderías cerca;

suerte por haber podido tender mi amor en este alambre,

por levantarme pronto desde hace algunos meses;

suerte de que los muchachos se crean alguna de las cosas

que les cuento en clase. Sí, yo también tengo suerte:

escribo lo que me viene en gana.

Tengo suerte por no haber sucumbido a los billares

el día que el maestro nos habló de Allen Ginsberg

y de aquella singular cuadrilla de cabrones.

Oigo el tintineo de los barcos y los gritos del hombre que habla solo

en el portal de casa, odio que se vaya la luz y la señal

de la televisión, bebo vino a raudales, y sidra por barriles,

y tampoco lo hago mal con la cerveza. Por si esto fuera poco,

acostumbro a comer marisco los fines de semana. Tengo suerte,

está claro. Y la tengo también por estar tecleando

(afuera llueve; y yo, en manga corta) este poema. Y, sobre todo,

tengo tanta, tanta suerte por teneros a vosotros cerca,

por teneros a vosotros de mi lado. Sí, cualquiera llamaría suerte a eso.

Y claro que sé perfectamente que no he hecho nada

por tenerla, que a buen seguro no

me la merezco. Pero esto mejor que quede entre nosotros.